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Sevillaníssimo
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Homicidio en la “Puerta de la Carne”, Sevilla

Fina Holmes y la Purpurea Calcárea

Sonaba insistentemente el porterillo en casa de Fina Holmes, Boli no paraba de ladrar y Fina corría a abrir.

  • Si, si, si (respondió apresuradamente).
  • La calle está llena de policías ( le comento  Justa, la vecina de Fina)

Fina colgó y fue corriendo al balcón y en efecto la calle Atanacio Barrón de Sevilla estaba atestadas de coches patrulla  y multitud de curiosos abarrotaban la linea de seguridad con la que la policía negaba el acceso a la zona peatonal del final de la calle. Pensó que no la dejarían pasar a ver lo que había pasado, pero su increíble curiosidad la obligaba a saberlo. Cogió a Boli y se encaminó a la azotea del edificio en el que vivía, mientras subia las escalera observo en la escalera:

  • Que raro, la escalera está llena barro, serán los niños (pensó )

Observando toda la escena del crimen desde las alturas,  vió a Tomás el jardinero del barrio con medio cuerpo dentro y medio fuera del jardín, suspendido en la valla. El revuelo de policía y forenses era frenético, pero un policía sobresalía de los demás, todos se dirigían a el. Escucho como lo llamaban Inspector Santiago, ella pensó que sería mejor llamarlo “Chimenea“, no paraba de fumar. Decidió bajar pero antes con la perspectiva que la altura le proporcionaba, se fijó en el jardín. En una zona de muchos arbusto se veían una gran cantidad de pisadas y algunas herramientas en el suelo. Estaba claro que fue la última zona donde Tomás había estado trabajando. “ Seguro que ahí murió Tomás  “, esto le motivó mucho más a bajar. Fina Holmes sentía como su cerebro no paraba de moverse y esto le encantaba, es como una droga maravillosa.

Abajo preguntó por el inspector Santiago a uno de los policías que bloqueaba a los curiosos, unos minutos después llegó el Insp. Santiago.

  • Inspector tengo información sobre el asesinato.
  • Que asesinato, que dice usted y quién es usted ( le respondió el inspector con su voz profunda y en un tono muy seco).
  • Eso no importa ( dijo Fina). He visto la zona en el jardín donde estuvo Tomás en sus últimos momentos y tengo una idea.
  • Señora quien es usted ( replicó el inspector) como sabe ese nombre y como ha visto la zona ( girando su cabeza asegurándose que la línea de visión y el parapeto que puso la policía no permitía ver la zona del crimen). Acompañarme que tenemos que hablar ( le dijo a Fina, mientras levantaba la cinta de seguridad).

Ambos se encaminaron hacia el jardín , ya habían retirado el cadáver de la valla y los forenses lo estaban  cubriendo con una funda negra.

  • Tiene los labios morado y la cara como un sollozo, lo han envenenado. Tiene alguna marca de picadura? (Pregunto al Inspector, Fina había sido médica y había visto muchos cadáveres para saber lo que había pasado)
  • No, no tiene ninguna marca pero ese no es su asunto, el asunto es que usted sabe demasiado. Qué información dijo que tenía?

Fina le contó al inspector lo que había visto en la azotea y que la escalera de su portal está llena de barro.

  • Puedo ver la zona de los arbustos ( preguntó al inspector).
  • Señora, es la zona de un crimen ( encogiéndose de hombro y con cara de desconcierto, dijo),  aunque creo que no será mala idea, parece que sabe usted más de este crimen que nosotros.

Se acercaron acercaron a los arbusto y fina se fijó en un cigarro a medio fumar.

  • Es suyo inspector?
  • Claro que no, señora. Solo es un cigarrillo a medio fumar.

Aquel cigarrillo estaba demasiado limpio para llevar allí demasiado tiempo. Seguro que era de Tomás ¿por qué lo tiraría entero?, pensó mientras se abría paso con sus manos entre los arbustos.

  • Señora estese quieta (se apresuró a decirle).

En ese momento Fina le hacía un gesto discreto de llamada con la cabeza,  mientras con las manos abría una zona de los arbusto, esto captó inmediatamente la atención del inspector como a un niño, un regalo envuelto.

  • Mire, no cree que esa flor no pega en estos arbustos?
  • Tiene razón. Ademas la tierra de alrededor parece más oscura, parece movida.

Cuando el inspector hizo el gesto de llamar a un agente de la policía científica para que recogiera una muestra de esa extraña planta y el cigarrillo para ser analizado. Fina aprovechó para sacar una foto de aquella extraña flor purpura.

  • Señora, que era eso que dijo usted del barro en su escalera (pregunto el Inspector).

Parece que todo iba tomando forma en la cabeza del inspector Santiago. Cosa que había ocurrido en la de Fina mucho antes, estaba segura que el cigarrillo, la planta y el barro de su escalera tenían relación. Se encaminaron a la azotea de la casa de Fina y cuál fue su sorpresa, el barro había desaparecido.

  • Señora y el barro? ( Preguntó el inspector)
  • No lo sé Inspector, le aseguro que estaba aquí, alguien lo ha limpiado
  • Seguro que alguna vecina, sabiendo que estaba sucio. Aunque es extraño, con lo que hay liado ahí abajo (dijo el inspector).

Continuaron hacia la azotea y tras inspeccionarla, sin éxito.  Santiago acompañó a Fina hasta la puerta de su piso

  • Gracias señora por su ayuda, tenga mi tarjeta. Si se entera de algo más.
  • No lo dude ( respondió Fina, mientras abría la puerta).
  • Hasta pronto ( dijo el  Inspector Santiago, mientras bajaba la escalera moviendo la cabeza de un lado al otro, en señal de convencimiento).

Realmente se habían caído bien pero la mente de Fina no descansa y tenía que saber qué planta era aquella. Como muchos sevillaníssimos, tenía un balcón lleno de geranios y gitanillas, sabía que aquella planta no era trigo limpio. Abrió su ordenador y empezó a enviar las fotos que tomó en el jardín, a sus grupos de Facebook. Pensó en dos #AMANTESDELASFLORESYLASPLANTAS e #INVESTIGANDOSEVILLA, era asidua de estos grupo y sabía que alguien tendría información sobre esa planta.
Fina es vecina de la Puerta de la Carne de toda la vida, junto a su marido ya fallecido compraron este piso por 300.000 pesetas, imagínate si hace años, más años que un bosque. Fina tiene dos hijos, también vecinos del barrio pero cada uno en su casa como dice ella “Cada uno en su casa y Dios en la de todos”. Fina vive con Boli, un pequeño perro mestizo con una deformación en la mandíbula inferior, ella dice que está deformación le hace tener un olfato excelente, casi fuera de serie. En mi opinión todos los perros callejeros son muy inteligentes, la necesidad les ha obligado.
Como cada noche, antes de cenar, Fina y boli daban su paseo de rigor, además esa noche tocaba bajar la basura. Una vez donde los contenedores frente a los jardines de Murillo y después de tirar su bolsa, Boli comenzó a ladrar y a intentar sacar algo con sus patas de entre los contenedores. Fina lo vio  y con un palo sacó un guante de jardinero vuelto del revés y con la etiqueta aún puesta “quién  y tiraría un guante nuevo ( se dijo ) y solo uno, donde esta el otro” . Tenía razón parecía que alguien se hubiera desecho de los guantes apresuradamente y al tirarlos uno hubiera caído fuera del contenedor. De cualquier modo Fina cogió una de las bolsas de Boli y guardó los guantes sin tocarlos demasiado, ella sabía que había que contaminar las pruebas lo menos posible y además podría ser peligroso. En ese momento recibió un mensaje de Facebook , era Protasio. Fina y el no se conocían personalmente pero eran amigos en muchos grupos y compartían muchos gustos, los caracoles y Castle eran algunos.
Messenger:

Protasio: La foto que enviaste es de una planta mortal  y prohibida en España, utilizada en ritos indígenas en Sudamérica, el nombre Purpurea Calcárea, viene por su color de la flor y el rastro púrpura que deja tras su manipulación. Un mal bicho Fina, mata en minutos. Oye, pásate por el bar que te he preparado unos caracoles como a ti te gustan. Hasta pronto.
Todo empezaba a encajar Tomás, el cigarrillo, los guantes, la planta pero QUIÉN? Y sobre todo POR QUÉ?  Fina no podía parar de pensar en Tomás, en qué estaría metido, se había separado recientemente y se le veía preocupado. La pasada semana se dejó abierta la goma del riego he inundó medio  supermercado MAS que hay en la calle donde Fina vive. Pobre Tomás, pensó.
Entonces recordó que Tomás tenía un trastero y  hueco bajo la rampa del garaje de su edificio, donde almacenaba su herramientas y chismes, seguro que la policía lo había registrado pero no perdía nada por pasar a verlo. En efecto, una cinta de la policía impedía el paso a la zona, en ese momento Boli empezar a saltar y ladrar intentado señalar la bolsa con el guante y salió corriendo por debajo de la cinta, comenzó a  escarbar sobre  unos tablones que había en el suelo. Demasiado grandes y pesados para que Fina los moviese, era el momento de llamar al inspector Santiago. El inspector Santiago salía de la comisaría convencido y a toda prisa después de haber leído  los informes forenses y toxicológicos de Tomás, el cigarrillo y la planta e investigar a los vecinos del edificio. Cuando estaba en el coche recibió una llamada.

  • Inspector soy Fina.
  • Hola, cómo está usted?
  • Quería hablarle sobre la planta venenosa.
  • Cómo sabe usted eso señora? acabo de leerlo en los informes de la policía científica. Tomó una foto a mis espaldas?
  • Eso no es importante inspector, lo importante es que hacia allí esa planta venenosa y quien la había puesto.
  • Lo sé, mortal sólo con rozar los labios y el cigarrillo presenta unas extrañas huellas púrpuras (dijo el inspector)
  • Inspector en los contenedores he encontrado un guante de jardinero nuevo con esa mancha también.
  • No los toque Fina, puede matarla (aunque Santiago se había informado del pasado de Fina Holmes como médico forense y sabía que había estado en muchos fregados).
  • No se preocupe inspector, se lo tengo guardado intacto en una bolsa de plástico. Entonces Tomás encontró la planta y la tocó con sus dedos.
  • Al quitarse el cigarrillo de la boca… ( dijo el inspector)
  • El veneno hizo efecto…(respondió Fina)
  • Y cayó fulminado. (respondieron al unísono).
  • Pero QUIÉN y sobre todo POR QUÉ? (dijo Fina)
  • Dónde está usted Fina? Se la escucha regula.
  • Estoy en el garaje donde las cosas de Tomás, Boli se ha puesto muy nervioso con unos tablones que hay aquí.
  • Señora, eso forma parte de una investigación policial, no puede estar ahí. Además es muy peligroso el asesino podría volver.
  • Dejarse de pamplinas inspector y venga para acá, no puedo mover los tablones.
  • Le hablo desde mi coche, estoy aparcando en su barrio, este sitio es un infierno para aparcar.
  • Santiago es usted inspector, puede aparcar donde quiera.
  • Señora, soy inspector de la policía local, pero me multan igual. Salga de ahí es muy peligr…..

 

Las  luces del garaje y Fina colgó el teléfono inmediatamente. Vio cómo bailaban la luz de una linterna desde la entrada del garaje. Fina se escondió lo mejor que pudo tras una columna y tapó la boca a Boli para que no ladrara. La silueta misteriosa se dirigió directamente a los tablones y los levantó sin esfuerzo, sin duda estaba  en el ajo. No le vio la cara pero era un hombre robusto, con ropa de trabajo y botas grande y bastas, podrían ser las mismas que llenaron de barro la escalera pensó. Llevaba un Macuto de gimnasio que estaba llenando de unas pequeñas cajas blancas. El botín de un robo (pensó Fina). Cuando terminó subió la Cuesta del garaje, saliendo a la calle por una pequeña puerta lateral y Fina tras él. En ese momento el inspector y dos agentes de policía volvía la esquina de la calle y Fina le hizo un gesto acusador hacia aquel hombre con el Macuto.

  • Señor, policía deténgase ( dijo el inspector Santiago).

El hombre intentó huir pero fue inútil, los dos agentes saltaron sobre él como un resorte y los inmovilizaron. El Macuto estaba lleno de cajas con teléfono de alta gama nuevos.

  • Pero si es el vecino del 5° (dijo Fina)
  • Si, lo sé. Juan Ortega un estibador del puerto de Sevilla y un viejo conocido de la policía. Era uno de los dos sospechosos de la policía. Estamos tras la pista de unos robos de contenedores en el puerto y cuando investigamos a los vecinos todo encajó. Te cogió robando  y decidiste matarlo, la planta fue una jugada muy inteligente, también la robaste del puerto.

Le dijo, el inspector Santiago  al individuo mientras los agentes lo levantaban esposados del suelo. Este viéndose acorralado confeso:

  • No, me vio esconder la mercancía y le pagué para que tuviera la boca cerrada pero se arrepintió y quería contarlo a la policía. No tuve más remedio, no quería volver a chirona.

Moviendo la cabeza el inspector le respondió:

  • Pues vas a volver por mucho tiempo. Llevénselo ( ordenó a los agentes que lo custodiaban).
  • Vamos Fina, le invito a una cervecita en el Coronado.

Ambos se alejaron mientras el inspector  le preguntaba a Fina “ A ver, cómo supo usted lo de la planta…..

 

 

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